Quiénes somos
Manos de ángeles
Marianita decidió a los catorce años que iba a ser odontóloga. Le fascinaban las sonrisas
bonitas y no se le pasó nunca. Estudió en Quito y siguió encadenando especialidades
mientras se casaba y criaba a sus hijas.
Dany, la segunda, creció literalmente dentro del consultorio: hacía las tareas en la sala
de espera y terminaba ayudando a su mamá. Acabó eligiendo el mismo oficio, aunque nadie
se lo pidió.
El nombre no lo inventamos nosotras. Salió de las pacientes, que le repetían a Mariana que
tenía «manos de ángeles». Con los años empezaron a decirle lo mismo a Dany.
Hoy las dos, junto a otros especialistas, dirigen las sedes de Quito y Ambato.
Nuestra meta es fácil de decir y difícil de lograr: que ir al dentista deje de dar miedo.